LAS VOCES QUE IMPORTAN

Editorial de Generación Romero del 23 de mayo de 2020

“Un Evangelio que no tiene en cuenta los derechos de los hombres, un cristianismo que no construye la historia de la tierra, no es la auténtica doctrina de Cristo, sino simplemente instrumento del poder.”

(Monseñor Óscar Arnulfo Romero, homilía del 27 de noviembre de 1977)

“Aunque los nadie la llamen, la buena suerte no llega con las lluvias”, decía Eduardo Galeano. Para los nadie, para los empobrecidos, la buena suerte no llegó ayer, ni llegará hoy ni mañana. Esa buena suerte parece estar reservada para los que desde arriba ven cómo se inunda el país, y mientras a ellos no les llegue cerca el agua, no habrá problema. Los mismos de siempre, los que jamás se han ido, los que se reunieron con el presidente – casta a la que él mismo pertenece, le hicieron decir que la economía puede comenzar a funcionar a partir del 6 de junio. Los nombres de los empresarios presentes en la reunión en Casa Presidencial reflejan qué voces son importantes para el gobierno. Los señores adinerados, dueños de grandes inversiones en El Salvador y Centroamérica, vuelven a demostrar aquello de que don dinero es un poderoso caballero.

Este quizá sea el hecho noticioso más importante de la semana, mucho más importante que el anuncio del presidente de demandar a la Sala de lo Constitucional y a la Asamblea Legislativa ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, cosa que ya rechazó dicha Comisión porque no resuelve controversias entre Órganos de Estado. Como decía Monseñor Romero en su tercera carta pastoral de agosto 1978: “Salta a la vista, en este estado de cosas, la enorme desigualdad en que quedan los ciudadanos a nivel de participación política según pertenezcan a las minorías poderosas o a las mayorías necesitadas y según el goce o no de la aprobación oficial”.

Mientras en las comunidades la gente ha pedido a gritos respuesta a sus aflicciones, en el espectro político parecen importar más los cálculos electorales: cuántos votos puedo sumar, cuántos me restará esta emergencia. Y mientras los números de contagios aumentan como aumentan las banderas blancas en las comunidades, los ataques y las descalificaciones se han convertido en lo único que tenemos seguro.

El presidente Bukele insiste en que él y su gabinete son los únicos preocupados por la salud de la población, sostiene que los otros órganos de gobierno quieren ver cadáveres y dolor en las familias. Y aunque es cierto que tanto en la Asamblea Legislativa como en la Corte Suprema de Justicia han existido y siguen existiendo personajes con credenciales bochornosas y que representan intereses ajenos a los del pueblo, también es cierto que la emergencia se está prestando para giros autoritarios de parte del presidente, a quien no le viene bien eso de reconocer autoridad más allá de la suya. Entre insultos y advertencias, dice que respetará las resoluciones de la Sala de lo Constitucional, mientras firma decretos con los mismos vicios que los presentes en el decreto demandado por inconstitucional.

El discurso oficial mezcla, a propósito, cuestiones reales con contradicciones y mentiras. Es cierto que la Sala de lo Constitucional ha admitido una serie de demandas y en sus resoluciones dicta medidas cautelares. Lo que no es cierto es que la Sala, por medio de resolución judicial, declara que no hay emergencia.

El propósito de declaraciones así de irresponsables es claro: convertir a la Sala de lo Constitucional en blanco de ataques y, con ello, presionarla para abstenerse de ejercer el control constitucional, función principal de esta. Los decretos demandados por inconstitucionales, aunque no exista sentencia definitiva, dejan entrever la intención del gobierno central de disponer de fondos de manera absolutamente discrecional, es decir, sin los controles y procedimientos que establece la Ley de Adquisiciones y Contrataciones de la Administración Pública.

Como dice el canto popular, a la libertad le cantaremos cuando el pobre crea en el pobre. La actual emergencia nos debe hacer reflexionar sobre la necesidad de crear, primero, un sentido comunitario, una identidad de comunidad y, luego, una red de comunidades que, con inspiración cristiana, romerista y popular, asuma la carga de la realidad que tendremos que afrontar más temprano que tarde. Los economistas advierten que muchas personas serán empujadas a la pobreza, sumándose a las que nunca han salido de ahí. La realidad fiscal y tributaria del país también deberá reformarse, cumpliendo con principios de justicia social y con la premisa de que quienes más tienen deben pagar más. En esta tarea es imprescindible el trabajo de las juventudes, que deben asumir una postura más crítica ante la realidad. Los jóvenes, a quienes este sistema les ofrece poca cosa y para quienes la palabra esperanza no tiene mayor connotación, esta emergencia es el golpe sobre la mesa que debe replantearle sueños y aspiraciones.

Si coincidimos en que al salir de esto el mundo no será el mismo, tenemos que trabajar para que, entonces, sea más parecido a lo que siempre hemos soñado, para que se parezca a ese mundo por el que tanta gente trabajó y entregó su vida, esa sociedad según el corazón de Dios de la que habló nuestro San Óscar Romero. La realidad nos cuestiona y nos desafía, este es el momento de asumirla, para que los nadie salgan de pobres, para que sean personas y no simples números, ciudadanos más que votos posibles, las voces que importan.

Movimiento Generación Romero, sábado 23 de mayo de 2020.