FACIL HABLAR DE HAMBRE CUANDO NO SE PASA HAMBRE

Editorial de Generación Romero del 8 de mayo de 2020

“Bienaventurados los que tienen hambre, bienaventurados los que lloran, bienaventurados los que tienen sed de justicia. Desde allí clama la Iglesia también, siguiendo el ejemplo de Cristo, que es esa pobreza la que va a salvar al mundo.”

Monseñor Óscar Arnulfo Romero, Homilía del 11 de septiembre de 1977

En esta semana, a los hechos ya conocidos de corte antidemocrático, se sumó un suceso más que indica que el país no ha cambiado en términos políticos bajo la administración Bukele. La antigua manera de hacer correlación parlamentaria hizo presencia de gala: madrugón legislativo y desfile de negociadores especiales, quienes a puerta cerrada alcanzaron acuerdo para endeudar el país por un monto de 1,000 millones de dólares adicionales a los 2,000 millones previamente autorizados.

Este acuerdo incluyó la aprobación de un nuevo decreto legislativo para la regulación de la cuarentena, el aislamiento, la observación y la vigilancia a causa de la pandemia de covid 19. Esta regulación incluye nuevos controles y disposiciones que algunas organizaciones como FESPAD han calificado de “estado de excepción disfrazado”. Adicionalmente, el procedimiento de aprobación no cumplió con las formalidades requeridas, como la votación nominal y pública, según señaló la abogada Ruth López Alfaro, quien el 5 de mayo pasado presentó un recurso de inconstitucionalidad por este decreto ante la Corte Suprema de Justicia.

Las nuevas disposiciones, en especial la prohibición de la circulación del transporte público, han generado más dificultades a buena parte del personal de salud que debe desplazarse hasta los centros de atención médica y a la población que debe continuar sus labores en áreas esenciales para la vida del país.

Este nuevo impulso por hacer cumplir por la fuerza las medidas de cuarentena y aislamiento ha causado además una mayor presión económica para quienes viven del comercio estacionario o se dedican a otras actividades de la economía informal.

Ante esta grave situación, tanto el presidente de la república como algunos integrantes del equipo de Casa Presidencial han dicho que “vamos a padecer,  vamos a tener hambre” y que “va a haber dolor”, también han afirmado que “conocen la pobreza y el hambre”. Estas declaraciones han causado mayor escozor no solamente por ser obviamente frases impostadas y poco creíbles de parte de funcionarios cuyo salario ronda los 6,000 dólares o para personas que vienen de familias propietarias de empresas de servicios, industria textil e industria farmacéutica, sino porque expresan un alto desconocimiento y desprecio por la situación de las mayorías populares.

En consonancia con los versos del poeta Carlos Martínez Rivas, pero desde el cinismo, puede decirse que es fácil hablar de hambre cuando no se pasa hambre. Es fácil hablar de pobreza desde los privilegios del dinero, el poder y las redes sociales.

Monseñor Romero nos dice que, “siguiendo el ejemplo de Cristo”, la Iglesia clama desde la pobreza, pero desde una pobreza digna que busca la justicia y la liberación. El mundo de los pobres al que nos remite el ejemplo de Cristo no es un mundo que padece y sufre como vocación, es un mundo que se reconoce en la injusticia y que lucha por acabar con el dolor y las desigualdades.

De manera que quien dice conocer la pobreza y no lucha contra la injusticia, la desigualdad y la opresión no ha vivido nunca la pobreza. Quien dice que padeceremos hambre, pero no lucha auténticamente por superar los males que la provocan no ha padecido ni padecerá hambre. Un ejemplo sencillo para ello: Al sr. ministro de agricultura, nada le hubiera costado, en vez de posponer la entrega de semillas de maíz, acudir a la propuesta de sus mismos técnicos del MAG y del CENTA y organizar la entrega en las mismas comunidades. Quien ha sufrido hambre y pobreza sabe de la importancia de la siembra, también de los ciclos de lluvia que así de temprano como la lluvia llegó este año, así de temprano puede irse nuevamente.

Con represión no se acaba nada. Es necesario hacerse racional y atender la voz de Dios, y organizar una sociedad más justa, más según el corazón de Dios. Todo lo demás son parches”, dice Monseñor Romero en la homilía del 25 de septiembre de 1977. Parches que tapan otras injusticias. Parches que disfrazan la vieja forma de hacer política como algo nuevo, como algo nunca visto, cuando es más de lo mismo, pero con mayor injusticia.

Movimiento Generación Romero, viernes 8 de mayo de 2020.