2021: Año de la reivindicación de la memoria histórica salvadoreña

Crónica de un viaje a un acto disidente en El Mozote

17 de enero de 2021

El pasado sábado 16 de enero conmemoramos un año más de la firma de los Acuerdos de Paz para nuestro país. Veintinueve años en total han transcurrido desde esa fecha importante (16 de enero de 1992) que forma parte de los hitos históricos que han marcado un antes y después para nuestra sociedad.

Con un grupo de mujeres y hombres de distintas edades voluntariamente decidimos acompañar y apoyar a las víctimas y sobrevivientes de la comunidad del caserío El Mozote, quienes el 17 de diciembre del 2020 presenciaron y escucharon al presidente Nayib Bukele y algunos de sus seguidores ofrecer otro discurso lleno de confrontación, acusaciones y desprestigio a personas defensoras de Derechos Humanos. Estas personas no han buscado nada más que justicia sin fines de lucro y la reivindicación de los Acuerdos de Paz y de las tantas vidas que cobró el conflicto armado salvadoreño. Ese fue el verdadero motivo que nos impulsó a movilizarnos desde diferentes comunidades y organizaciones; primero hacia la emblemática Plaza Cívica o Plaza Gerardo Barrios, punto de encuentro para reunirnos a las 5:00am y luego desplazarnos emotivamente hacia el caserío. Para sorpresa mía, iba a compartir todo un día sábado con más de ciento cincuenta personas, quienes llenamos tres cómodos autobuses. Porque la verdad, estoy acostumbrada que, para encuentros de este tipo vinculados con la defensa de la memoria histórica y de nuestro patrimonio cultural, no seamos más de diez personas las que conformemos el grupo.

cortesía ARPAS

Debo de mencionar que no tengo ningún recuerdo del 16 de enero de 1992, yo tan solo tenía tres años de edad en ese momento. Pero los recuerdos que mis padres me transmitieron lograron sensibilizarme e interesarme por nuestra memoria. Más allá del desaparecimiento de mi tío, a quien cuerpos militares lo capturaron en el municipio de Ciudad Delgado y hasta la fecha desconocemos su paradero o el lugar donde reposan sus restos bajo el nivel terrenal. Más por él, en conjunto con nuestros miles de víctimas del conflicto armado, más me comprometo en apoyar nuestra lucha social.

Salimos por fin a las 6:00am de la Plaza Cívica porque aún teníamos que esperar a más personas que se sumaban al recorrido hacia El Mozote. Entre tantas “paradas estratégicas” que realizamos en diferentes sanitarios, llegamos por fin al emblemático caserío a las 11:30am. Claro, el evento ya había comenzado. Pero al poner nuevamente un pie en esta comunidad que tanto ha sufrido pero tantas veces han resistido y se vuelven a levantar, me generó una verdadera emoción. Además de saber que iba acompañada por todas estas hermosas personas con quienes hicimos amistad y compartimos muchas risas, pláticas, pensamientos, ideas, chocolate caliente y comida durante el trayecto. Cuando llegamos, quienes estaban ya presentes en la plaza nos recibieron con aplausos, consignas y por supuesto con el protocolo correspondiente de bioseguridad.

Fue conmovedor re-encontrarnos con varias comunidades organizadas, entre ellas la del Bajo Lempa, quienes también salieron muy temprano para llegar al evento. Para todas ellas va mi respeto y admiración.

Cortesía ARPAS

Al centro de la plaza de El Mozote, justo en medio del Conjunto histórico de la ermita y el monumento a la familia se encuentra la concha acústica, la cual fue construida en el año 2017 a raíz del “Programa de Desarrollo Social Integral de El Mozote y Lugares Aledaños (los cantones: Cerro Pando y La Joya y los caseríos: Pinalito, Jocote Amarillo, Toriles y Ranchería)” bajo el Decreto Ejecutivo Nº53 del 2016.  Esta obra se hizo en cumplimiento a la Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al Estado salvadoreño, emitida el 25 de octubre de 2012 por las graves violaciones a los Derechos Humanos perpetradas por las fuerzas militares contra población civil local. Allí, se llevó a cabo un acto artístico cultural y religioso en el que todos los asistentes nos ensamblábamos al unísono contra la actual agresión oficial a la verdad, ante las víctimas no solamente de El Mozote, sino, de toda nuestra historia construida desde nosotros: los mismos empobrecidos.

Fue un momento muy emotivo sin duda en el cual nos hermanamos entre todos los presentes al lugar con el mismo fin: que no se siga negando desde las instituciones públicas los hechos históricos, así como lo hicieron los invasores occidentales del viejo mundo durante la época prehispánica. La sangre derramada desde ese momento no es ni ha sido una farsa, es un símbolo de resistencia y verdad.

Cortesía ARPAS

Finalmente, se llegó el momento de retorno hacia la ciudad capital. Los recuerdos los fuimos compartiendo durante el trayecto de regreso. Otras cuatro horas más con “paradas estratégicas”, pero con los ánimos de volver a re encontrarnos organizadamente con los nuestros, con el acompañamiento y resguardo de nuestro San Romero, el santo de calles y caminadas, más que de vitrinas y santuarios.

Espero que no olvidemos nuestra historia. Espero una sociedad más unida, organizada y consciente, porque ¡Sin memoria histórica no hay identidad!

Por: una joven miembro de Generación Romero

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