LA RENDICIÓN DE CUENTAS NO ES UNA OPCIÓN, ES UNA OBLIGACIÓN (editorial)

“Todo aquel que se adormece y está tranquilo, como que otros realicen su propio destino, está pecando también”.San Oscar Romero, homilía del 24 de julio de 1977. 

MOVIMIENTO GENERACIÓN ROMERO 18/Nov/2020

La pandemia por COVID-19 ha puesto a prueba muchas cosas en el mundo, una de esas es la propia institucionalidad democrática de los países que han debido tomar decisiones sanitarias pero desde un enfoque de derechos humanos, lo cual genera limitantes, en virtud de que muchas de las medidas para combatir el virus tienen que ver con la restricción de la libertad de los ciudadanos. 

A su vez, la propia gestión de la pandemia ha significado un manejo de altas cantidades de dinero por parte de los funcionarios, dinero que en buena medida proviene de créditos que tendremos que pagar por décadas y de nuestros propios impuestos. Por tanto, es dinero sobre el que se debe rendir cuentas. 

Recientemente hemos visto una serie de allanamientos de parte de la Fiscalía General de la República en algunas dependencias del Ejecutivo como el Ministerio de Salud, Hacienda y Agricultura. Según lo dicho por el propio Fiscal General, Raúl Melara, estas investigaciones han iniciado por indicios de supuesta corrupción presentados por la Comisión Internacional contra la Impunidad en El Salvador, CICIES, instancia impulsada y presentada con mucha pompa por el actual gobierno a inicios de la gestión. Esto no deja de llamar a sospecha: frente a nueva evidencia sobre posible corrupción ¿presidencia estará exponiendo algunas de sus piezas en el ajedrez político de la coyuntura electoral?

Si bien es una investigación sobre la que hay que esperar resultados, quizá el principal hecho sea el papel jugado por la Policía Nacional Civil, a quien la Constitución de la República le ordena colaborar con la FGR en diligencias de este tipo.  Pero que en estos casos concretos la PNC más parecía interesada en bloquear el trabajo de los fiscales asignados, lo cual es reprochable desde todo punto de vista porque se observan señales de manipulación de la institución policial. 

Esta inusual postura de la corporación policial provocó que el influyente congresista estadounidense Eliot Engel, presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, enviara un mensaje de apoyo al fiscal Melara y un llamado de atención a la PNC para que no interfiera en el trabajo del Ministerio Público Fiscal. 

Para nadie es un secreto que el Ejecutivo actual tiene dificultades para respetar el marco legal establecido y que en su afán por concentrar poder y no rendir cuentas manipula y trastoca de formas insospechadas el rol de las instituciones, lo cual puede tener un costo muy alto para nuestra democracia. 

Hay quienes advierten que el resultado de las elecciones en Estados Unidos puede imprimir una dinámica diferente en el quehacer político de nuestro país, dado que las diatribas autoritarias serán rápidamente rechazadas por una administración demócrata. Otros menos optimistas aseguran que no hay motivos para creer que la llegada de Biden a la Casa Blanca haga que el presidente salvadoreño se contenga en sus ataques a la prensa libre, al control interorgánico y a sus opositores en general, dado que si asegura los intereses de Estados Unidos en la región las cosas pueden marchar sin sobresaltos. Estados Unidos tiene intereses, no amigos, como solemos escuchar, ya que la “cabeza real” de ese país no es el presidente, sino los dueños de las grandes corporaciones transnacionales. 

Quizá el triunfo demócrata podría despertar alguna esperanza en el tema migratorio y tomando en cuenta que millones de nuestros hermanos viven en aquel país, cualquier decisión que se tome nos atañe.  Por tanto, las organizaciones sociales debemos incidir para que se avance hacia una reforma migratoria que brinde estabilidad a nuestros hermanos migrantes. 

En definitiva, como afirmamos en el editorial anterior, esta ha sido la derrota del discurso autoritario, una derrota a esa forma de gobernar que exalta la división y el odio. Pero, como se ha sostenido en diversas ocasiones, nuestro pueblo debe encontrar por sí mismo y desde una perpesctiva liberadora, el camino hacia mejores condiciones de vida, más allá de lo que pase en otros países. Como dice el canto popular “cada quien con su taburete tiene un puesto y una misión.

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