BASTA DE CORRUPCIÓN Y USO ELECTORAL DE LA EMERGENCIA (editorial)

Editorial de Generación Romero del 6 de julio de 2020

Y el verdadero cristiano en El Salvador no puede prescindir de estas realidades, a no ser que quiera profesar un cristianismo aéreo, sin realidades en la tierra, un cristianismo sin compromisos, espiritualista. Y así es muy fácil ser cristiano, desencarnado, desentendido de las realidades que viven.

Mons. Óscar Arnulfo Romero, febrero de 1978.

En este país de profundas diferencias hay algo en lo que debemos coincidir: nada importa tanto como la vida de las personas, como dijo San Romero, lo que también implica que en una crisis como la que vivimos el derecho a la salud debe colocarse como prioritario.

Aunque las cifras del Gobierno son puestas en duda por muchos sectores, está a la vista el incremento de contagios por COVID-19 y es necesario que se haga algo con urgencia. El Ejecutivo solicita una nueva cuarenta, una estricta de 15 días, dice, pero vuelve a caer en vicios que la Sala de lo Constitucional le ha ordenado no repetir y lo hace sin escuchar la opinión de otros sectores que han demostrado abordar el tema con seriedad.

Podemos coincidir en la necesidad de que se decrete una nueva cuarentena, pero con base en la evidencia que tenemos disponible. Los mismos números del Gobierno central brindan pistas sobre por dónde deben ir las cosas: cerca del 70% de los casos confirmados corresponden a cuatro departamentos del país y son 60 de 262, los municipios más afectados. Por lo que una cuarentena focalizada podría ser una buena opción si se combina con campañas de prevención persuasivas (no impositivas) y, sobre todo, con medidas de compensación económica y social: quedarse en casa es mucho más difícil para las mayorías empobrecidas. Estas medidas deben ser bien pensadas, consensuadas e implementadas de manera eficaz y honrada.

El gobierno insiste en un régimen de excepción en todo el país y critica a los diputados porque, según el presidente Bukele, somos el único país que no está en emergencia por la pandemia. Lo que sí es cierto es que pasamos casi noventa días sin un verdadero plan, con un cuestionable manejo de la situación y, según notas periodísticas, la misma emergencia fue utilizada para firmar contratos que, como mínimo, riñen con los códigos de ética y, en algunos casos, ameritan investigaciones más drásticas por parte de la Fiscalía General de la República.

Lo del periodismo es un punto digno de reconocer, porque en un país acostumbrado a discutir semanalmente los temas que al presidente le vienen bien, el periodismo desbarata la agenda “dictada” por Bukele y pone sobre la mesa cuestionamientos serios, con evidencia, que obligaron a la Presidencia separar del cargo a un funcionario. No obstante, la respuesta se ha visto marcada por el cinismo en casos como el de la comisionada Carolina Recinos cuya parentela ha sido contratada en el gobierno; así mismo se favoreció de manera irregular a otra de sus hermanas con un crédito del estatal Banco de Desarrollo. Lo cierto es que el periodismo sigue demostrando que es muy necesario. Como dijo nuestro San Óscar Romero, “el periodista o dice la verdad o no es periodista”.

En medio de una pandemia es inaceptable que los contratos para el suministro de equipo necesario se otorguen a las amistades, como también es inaceptable que parte del gabinete gubernamental repartan su tiempo entre sus funciones constitucionales y sus ambiciones electorales. No podemos tolerar que se utilice el cargo público para hacer política partidista, que se utilicen los recursos del Estado para impulsar las candidaturas, porque eso es abusivo e irrespeta lo establecido en el artículo 218 de la Constitución.

¿Estamos o no en una situación delicada? Desde luego que sí, pero al parecer muchos funcionarios y funcionarias solo pueden repetirlo día y noche en redes sociales y entrevistas, pero con sus actos nos dicen que sus prioridades están por otro lado.

La situación es grave y nuestra solidaridad debe estar con las familias que están sufriendo la pérdida de un ser querido, pero a la vez que exigimos respuestas a la crisis sanitaria condenamos el manejo electoral de la cuestión. A los actores políticos parece que siempre hay que leerlos en clave electoral, y en esta emergencia no es diferente.

Como ciudadanos tenemos derecho a una buena administración pública y es esa la bandera que debemos empuñar, más allá de las identidades partidarias o ideológicas, el Estado nos está quedando a deber en esta pandemia y debemos exigir un manejo más responsable, porque si no lo hacemos nos volvemos cómplices y después debemos asumir las consecuencias.

Movimiento Generación Romero, 6 de julio de 2020.

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