EL POPULISMO Y LAS BANDERAS BLANCAS DEL HAMBRE (editorial)

¿DE UNA CRISIS SANITARIA A UNA CRISIS POLÍTICA Y HUMANITARIA?

Editorial de Generación Romero del 16 de mayo de 2020

“Yo quisiera suplicar a los líderes políticos que hablan por micrófono,que no cometan la falta que yo cometo: de gritar demasiado cuando tenemos un micrófono por delante. ¡Porque cuando uno oye gente con los micrófonos por delante gritando como un demagogo, dice: ¿Y para qué le sirve el micrófono a este hombre? Hay un dicho que dice: «No levantes la voz, refuerza tus razones». Muchas veces gritamos cuando no tenemos razones

Monseñor Óscar Arnulfo Romero, Homilía del 13 de enero de 1980

Los últimos acontecimientos en El Salvador se han caracterizado por un movimiento agitado.  En este espacio, vamos a centrar nuestra atención en dos hechos relevantes por las consecuencias que pueden acarrear: el primero, las banderas blancas en colonias populares clamando por alimentos.  El segundo: la renuncia de representantes de la UCA y otras instituciones al Comité que supervisaría la inversión de 2,000 millones de dólares del Fondo de Emergencia, Recuperación y Reconstrucción Económica, por mandato legislativo. Ambos acontecimientos poseen características particulares, pero comparten la misma raíz: el populismo y la injusticia estructural.

En cuanto a lo que se ha llamado las banderas blancas, han circulado algunas notas acerca de que en varias colonias y barrios populares y comunidades del sector rural se han colgado sábanas o pañuelitos blancos, indicando la falta de alimentos en esa casa. Una de ellas, en un mesón del barrio Modelo, hacía referencia a que eran niños (y niñas) los que más sufrían esa carencia. Mas allá de que no se perciba este hecho como una situación generalizada, sí podemos afirmar que los pañuelitos blancos son una forma de protesta, por ahora silenciosa, de un sector importante de la población más empobrecida, frente a la injusticia estructural que el covid 19 ahora ha puesto en evidencia de forma más desgarradora. 

Si una sociedad permite situaciones como estas, esa sociedad no sirve.  Por eso nos mueve las entrañas la situación que están atravesando estas familias que con certeza afirmamos que no son un par de cientos sino que se pueden contar por miles, a casi 2 meses de cuarentena domiciliar y sin los precarios ingresos que ya recibían.

Frente a esta situación la reacción del Ejecutivo fue la de apresurar la distribución de “canastas básicas” en algunas comunidades.  Y sobre eso nos queremos detener: en primer lugarse trata de una respuesta mediática, propia de tiempos electorales, en la que al menos cuatro funcionarios de alto rango son “los encargados de su distribución”.  Esto coincide con la experiencia los años setenta, cuando un instituto político fue llamado el partido de los tamales, porque era esa su forma de hacer campaña: repartiendo tamales; pero también por el significado popular que tiene de la palabra “tamal”: el que se apropia de lo ajeno. ¿Aplicarían estas dos consideraciones para la actual forma en cómo se están distribuyendo las ayudas?

Por otro lado, el manejo de las canastas en cuestión, así como del resto de medidas paliativas de la crisis, ha sido de lo más falto de transparencia, improvisado e intencionalmente confuso: inicialmente el Presidente Bukele en la cadena nacional del 4 mayo, anunció que el gobierno entregaría “2.7 millones de canastas básicas para la población”, luego el dato oficial se redujo a 1.7 millones, y recientemente anunció que serían solo 1 millón.  En esa misma dirección se dijo que estarían valoradas en 50 dólares, luego que en 10 dólares, y algunos generadores de opinión pública afirman que su valor no pasa de los 8 dólares: ¿qué hay detrás  de todo esto?  ¿Hacia dónde se están yendo esos recursos tomando en cuenta que este es un año preelectoral?

En cualquier caso, se trata de una grosera manipulación de la realidad dramática que se ha agudizado para las mayorías empobrecidas de nuestro país: la falta de alimentos para la sobrevivencia diaria.

Pero lo más grave es ¿qué va a pasar con estas personas después de la cuarentena? Porque en algún momento terminará la cuarentena, pero la crisis se profundizará. Por eso afirmamos que de seguir este manejo improvisado, mediático y con fines claramente electorales, con visos de autoritarismo, denunciados reiteradamente en reconocidos espacios, el país puede transitar peligrosamente de una crisis sanitaria a una crisis humanitaria.

Nos referiremos ahora a la renuncia de la UCA al Comité del Fondo de Emergencia, medida que respaldamos por ser coherente con la inspiración histórica de esa institución: su compromiso con la verdad y el cambio social.

Comenzaremos por analizar las razones esgrimidas por el Ejecutivo: dice falsamente que los miembros renunciaron por negarse a hacer su declaración patrimonial, es decir un informe sobre su situación financiera y patrimonial, y esa mentira es la que el Ejecutivo ha repetido hasta el cansancio.  La situación es muy simple, el Comité del Fondo mencionado tenía por mandato de ley, amparado en el decreto legislativo 608, la función “de dirección y supervisión de todas las actividades de dicho Fondo”.

Pero en la práctica no fue así. Tal como lo ha aclarado la UCA, institución que podría haber generado confianza en la supervisión de esa enorme inversión, nunca fueron puestos a disposición del Comité los planes y propuestas para que sobre esa base se hiciera una discusión consensuada y se diseñara un presupuesto que ayudara al manejo honesto de esos recursos, bajo la contraloría establecida por la leyes y el respaldo de las instituciones que conformaban el Comité. 

Pero al Ejecutivo no le gusta ni trabajar de manera coordinada ni que lo controlen, como se debe hacer cuando se manejan fondos públicos. De manera que comenzó a tomar decisiones a su antojo, sin planes ni rumbo que lo respaldara y adoptando medidas más de corte represivo, como la suspensión del servicio de transporte y prohibir la movilidad entre municipios, y todo ello a espaldas del Comité. Ante ello, la UCA y otras instituciones advierten estos malos manejos y, luego de reiterados llamados, deciden retirarse para no ser cómplices de un manejo dudoso de los recursos y verse involucrados en medidas equivocadas.

Por esa razón reiteramos nuestro respaldo a la decisión y razones de la UCA, llamando una vez más  al Ejecutivo a la serenidad y al diálogo, pero sobre todo a la verdad y a renunciar a tomar decisiones basadas en el cálculo político y las ganancias electorales.

A partir de esos dos acontecimientos relevantes: la desesperación por hambre de las familias de las banderas blancas y las decisiones del Ejecutivo que profundizan la exclusión y el autoritarismo, advertimos no permitir que esta crisis sanitaria se convierta en una crisis política y humanitaria.

Finalmente, enviamos un efusivo saludo al valiente personal de enfermería en su día y  reiteramos nuestra solidaridad con las familias afectadas por la falta de alimentos, víctimas de inundaciones y sumidas en la desesperación, a quienes animamos a recordar la palabra siempre actual y esperanzadora de nuestro San Romero: “¿Qué otra cosa hace la Iglesia? Anunciar la buena nueva a los pobres. Pero no con un sentido demagógico, como excluyendo a los demás, sino al contrario. Aquéllos que han escuchado malas noticias y han vivido peores realidades, están escuchando a través de la Iglesia la palabra de Jesús: ¡El reino de Dios se acerca! Es nuestro. ¡Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios! Y desde allí tienen también una buena nueva para anunciar a los ricos: que se conviertan al pobre para compartir con él los bienes del reino de Dios, que son de los pobres” (homilía 17 de febrero de 1980).

Movimiento Generación Romero, sábado 16 de mayo de 2020.

2 comentarios en “EL POPULISMO Y LAS BANDERAS BLANCAS DEL HAMBRE (editorial)

  1. Indudablemente El Salvador padece de dos clases de virus, tan mortal el uno como el otro: el Covid 19 y el Bukele 20. Unidos en hermandad y oración y siguiendo y viviendo el ejemplo de Nuestro San Romero podremos curarnos del virus Bukele.

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  2. muchas gracias, Carmen, por tu comentario. Definitivamente el corona solo es uno de tantos virus. El virus del autoritarismo y crisis política posiblemente es aún mucho más grave. Ni hablar del virus de la destrucción de nuestra madre tierra… Debemos de curarnos desde la raíz (como solía decir el p. Rutilio Grande)

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