Entre capital y coronavirus

Por: René Arturo Flores OFM, fraile franciscano, miembro de comisiones de justicia y paz, JPIC-El Salvador y Generación Romero, vive en Soyapango.

La cuarentena domiciliar, es una respuesta a la propagación del coronavirus, implementada en varios países, pues, el contagio es por las personas portadoras y objetos contaminados.

En realidad, la no contaminación, solo se evita, principalmente, al no tener contacto con otros, en un carácter preventivo. Ya vimos que en nuestro país, se comienzan a expandir los contagiados. Las decisiones del ejecutivo, como poder del Estado y por tanto servidor público, se están tensando con el poder legislativo (el grupo de diputados, los cuales pertenecen a un partido), esto puede entenderse como parte de la democracia, como tensión entre los “poderes”; sin embargo, lo que sí debemos esperar en ambos poderes del Estado, y todos los demás servidores públicos, es que actúen con transparencia en la información y manejo de los fondos económicos, además, con asesoría profesional que responda al manejo de esta crisis de salud pública, al mismo tiempo, sobre todo, estar prestos a una atención especial a las grandes mayorías empobrecidas, a los más necesitadas o frágiles de esta sociedad.

En estos momentos que los empresarios comienzan a presionar para volver al trabajo, por tanto a la calle, lo cual se comprende en un momento de normalidad social, y no, en esta situación de la crisis de salud por el virus. En realidad todos quisiéramos volver a la vida “normal”. En el momento actual, hay una tensión entre los intereses de la patronal y del empleado, sencillamente, por ser ambos pertenecientes a diferentes grupos sociales, entre los cuales, hay una diferencia en la condición económica, alimenticia, de transporte y habitacional, es decir, en esta situación de contagio del país, nuevamente prima la inequidad y desigualdad social, por tanto, la desprotección de los más vulnerables. Esta situación, se vuelve más compleja para los medianos empresarios, las pequeñas ventas y los comerciantes informales que viven del día a día: este grupo de producción económica, no pertenecen al “gran capital”, que gobierna de facto en el país. Comparto un párrafo de un analista argentino sobre la situación en su país:

La relación de producción entre el inversor, propietario de los medios de producción, y las personas que venden, en el mercado, la fuerza de trabajo es la relación capital – trabajo, o relación de explotación que explica la dinámica de producción material y de ganancias en el capitalismo. No hay secreto, el enigma del capital es la necesaria reiteración de esa relación social de explotación. El capital necesita que se materialice cotidiana y reiteradamente el proceso de trabajo, que haya producción, si no, no hay plusvalía o la posibilidad de apropiar ganancias.

En rigor, el problema que se evidencia en estos tiempos de paro de la producción es que sin trabajo humano no hay posibilidad de producir ganancias y, por ende, se obstaculiza la acumulación. Por eso es que los propietarios de medios de producción claman por la vuelta al trabajo y se preocupan por el impacto de la recesión. Dicen preocuparse por la vida cotidiana de la población, cuando lo que visualizan es la pérdida de sus ganancias e ingresos, y con ello la imposibilidad de la acumulación. La presión miserable apunta a levantar la cuarentena, que por ahora se extiende en Argentina hasta fines de abril y gana espacio como acción preventiva en todo el mundo, cuando ya superan los 100.000 fallecidos por coronavirus, o si se quiere por la desaprensión del desfinanciamiento de la salud pública” ( Julio C. Gambina, 13/04/2020). Esta explicación, y análisis desde Argentina, nos ilustra, por la misma condición compartida del sistema neoliberal que impera en el continente, y en nuestro país.

Surge la pregunta, ¿los diputados y los empresarios, al tomar las decisiones, están pensando en la población, en la grandes mayorías, en los deportados, en los indigentes, en los menores que viven en tantos hogares de los sectores populares y rurales? Este grupo social excluidos, que es generado por la inequidad e injusticia de los grupos de poder, son los más afectados y frágiles. En este momento la prioridad es evitar el mayor contagio del virus entre las personas, en realidad, lo que está en juego es la vida de los y las salvadoreñas, ese don preciado que es la VIDA, esa misma, que compartimos con los otras criaturas con sus ecosistemas en esta única CASA COMÙN.

René Arturo Flores, OFM

Soyapango, 14 de abril de 2020

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