Cuando el amor y la organización colectiva mantienen la esperanza

“Como no me va a llenar el corazón de esperanza una iglesia donde florecen las comunidades eclesiales de base” (Romero, homilía del 10-9-1978)

Narciso Ezequiel Ramos (25), estudia inglés, vive en la comunidad eclesial de base en el cantón El Triunfo (municipio de Santa Tecla) y coordina el programa de jóvenes de la Asociación de comunidades de base “Mons. Oscar Arnulfo Romero” (www.acobamor.org).

Monseñor Romero siempre nos motivó a seguir luchando por una sociedad más justa, una sociedad con conciencia social – siempre en beneficio de los más pobres. Hoy nos enfrentamos a un nuevo reto, arrastrando siempre los males que asesinaron a nuestro profeta en tiempos de guerra y que siguen vigentes, haciéndose más visibles con esta pandemia mundial que estamos viviendo.

Las juventudes frente a la crisis del corona

Como Jóvenes de las comunidades Eclesiales de Base de La Libertad, estaremos siempre presentes en la vida comunitaria escribiendo, analizando y acompañando la comunidad desde nuestras trincheras, dando a conocer como las juventudes vivimos esta emergencia nacional del COVID-19.

Para las personas jóvenes de los cantones y colonias, el Coronavirus o COVID-19 no es su único desafío en esta crisis, porque se enfrentan a muchas desigualdades sociales persistentes, una que destaca en esta crisis es la educación virtual. La gran mayoría (para no decir totalidad) de las y los jóvenes están excluidos de las formas virtuales propuestas por la falta de recursos, agravado de la carencia de empleos formales en sus hogares, los cuales les permitirían tener un ingreso estable a las familias y poder apoyar la educación en tiempos del corona.

Enfrentar la crisis desde la fuerza comunitaria

En los cantones (o comunidades) la rutina diaria siempre continúa con bastante normalidad, pero siempre a la expectativa de las decisiones que vayan tomando las autoridades en el manejo de la pandemia. Somos comunidades, donde la farmacia se encuentra en los jardines de las casitas de nuestras familias, donde no puede faltar la sábila, jengibre, zacate de limón para prepararse un buen té por las mañanas o una taza de café, la ruda y altamisa que toda abuela cuida en el Jardín.

Una rutina que inicia a las cinco de la mañana para preparar los alimentos y de igual manera las herramientas de trabajo: “la Cuma” y algo no menos indispensable por supuesto, una buena bocina que le permita disfrutar de sus músicas favoritas en el trabajo y en el camino hacia peste, pasando debajo de los árboles de mango, de ciruela para recolectarlos y degustar su dulzura.

Las realidades son distintas en las comunidades en donde algunas cuentan con agua potable, mientras en otras comunidades, las familias tienen que salir para poder recolectar unas cuantas cantaradas del pozo común o caminar lejos a jalar el sagrado líquido.

Unas comunidades cuentan con tierra para poder cultivar los granos básicos en invierno y otras que aún son colonos de los terratenientes y dependen únicamente del trabajo en la finca o de la suerte en la distribución de algunas tareas por alquiler de parte del patrono.

Encontramos muchas madres solteras llevando hogares integrados por niños y niñas, para quienes su única fuente de ingreso es salir del cantón para ser empleada doméstica en la ciudad, quedando en esta crisis sin beneficios económicos ni por el gobierno ni por el empleador. El Hambre mata, es cierto – pero mata más la indiferencia. Es aceptable para nosotros la frase ¿Quédate en casa?

Cambiar de rumbo

Pedimos a la población salvadoreña a seguir los reglamentos que el Ministerio de Salud ha dado para proteger a sus familiares y así evitar la cadena de contagio de COVID-19 que está causando mucho daño a nivel mundial.

Pero debemos ir más a fondo. Tenemos que pensar en una forma de vida más sostenible en esta sociedad dominada por el sistema capitalista que fomenta el individualismo, enseña que cada uno tiene que valerse por su mismo esfuerzo. Este ha sido el principal fracaso de muchos países primermundistas, donde le dan más importancia a su economía que a la salud de las personas. Y si nosotros seguimos repitiendo el mismo esquema, menos a salvo vamos a estar los países llamados “tercermundistas”. ¡Debemos cambiar nuestra forma de vida, nuestra forma de producir, profundamente!

Acciones concretas ante una sociedad en agonía por falta de amor

Las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) podemos ser una esperanza ante este monstruo llamado neoliberalismo, capitalismo salvaje, mercado-fascismo etc., cuando practicamos la solidaridad y el trabajo en equipo, representado en algo tan simple como la economía solidaria en donde las y los campesinos unas con otros se apoyan para poder cuidar y producir sus propios alimentos a nivel comunitario. Otro ejemplo son las actividades martiriales y de memoria histórica, donde ponemos una mesa común en la cual todos depositamos algunos alimentos para compartir con la personas que asisten, cuidando siempre de nuestra madre naturaleza al rechazar rotundamente el uso de platos desechables y otros factores que dañan la salud de nuestra casa común, nuestra madre tierra.

Las juventudes tenemos que ser una luz de esperanza entre tanta oscuridad e incertidumbre social y practicar la solidaridad con los más necesitados principalmente con los niños, madres solteras y las personas adultas mayores porque son ellas las más vulnerables y son un factor sumamente importante para la construcción de esta sociedad – contraria a expresiones neo-fascistas como por ejemplo de la presidenta del Banco Central Europeo Christine Lagarde que dijo hace poco: “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. Tenemos que hacer algo, y ya.

Crear una red de apoyo mutuo en donde compartan acciones realizadas en cada comunidad o familia, y así fomentando esperanza en las demás familias para disminuir el miedo que este virus y su forma de enfrentarlo han creado en nuestra sociedad. Y como decía Rutilio Grande “Salvarnos en racimo, en matata, o sea en comunidad – todas y todos” tenemos que luchar por salir adelante en donde los más fuertes y vitales vayan al frente (en nombre de sus comunidades y sin ponerse encima de otros), el futuro vaya en medio (niñas, niños y con sus familias) y la voz de la experiencia coordinando la salida hacia la salvación colectiva.

Seamos verdaderos cristianos, seamos humanos y poder contarles a las nuevas generaciones como el amor y la organización colectiva mantuvo viva la esperanza para superar El COVID-19.

Ezequiel Ramos, Cantón El Triunfo, 11 de abril de 2020

Un comentario en “Cuando el amor y la organización colectiva mantienen la esperanza

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s