Monseñor Romero ejemplo para la juventud

foto adonayPor: Adonay Miranda Rodezno, 23 años, estudiante de economía, promotor juvenil en las comunidades eclesiales de base La Libertad, miembro de la comunidad El Triunfo.

A 40 años de la muerte de Monseñor Romero seguimos conmemorando un año más de su Martirio y al mismo tiempo compartiendo con alegría por tener un Santo del pueblo, un Santo de los pobres, Santo compañero y sobre todo: un ejemplo de ser humano – más allá del objeto de devoción al que la iglesia institucional lo ha transformado, caracterizándolo como sustantivo y no como un verbo, no como una acción de lucha en un momento tan importante como este. Por eso, su vida y su papel en los problemas sociales debe ser un ejemplo de seguimiento en la vida actual de las y los jóvenes, tomar el legado de Monseñor Romero para ser críticos, para organizarse en círculos de pensamiento y enfrentar los principales retos y desafíos que la realidad nos pone cada día.

El método de Romero

Un método importante en la teología de la liberación es el de los “tres pasos”: ver-juzgar-actuar. También es una forma que nos puede caracterizar a los jóvenes: ser vehículos de contagios a otros jóvenes que comparten la misma realidad, con quienes estamos como solemos decir “en esta misma lucha” de enfrentar la tensión que cada día afecta los jóvenes. Romero nos incita a unirnos, compartir nuestras experiencias, escribir textos, tomar el papel de Romero en nuestra actualidad y relacionarlo con la realidad que él vivía en su momento, dado que sigue siendo muy parecido el modelo económico desarrollista actual, parecido también los movimientos sociales debilitados a causa de su misma fuerza y hegemonía.

La dimensión socio-política de la fe

En todo eso cabe de recalcar que una herramienta muy importante para Romero en esos tiempos difíciles fueron los documentos de Medellín y Puebla, dos reuniones del episcopado latinoamericano importantes que promovieron la reforma de la iglesia y de la sociedad y tuvieron una relación directa hacia la realidad salvadoreña, incluyendo el papel de mártires ya habiendo sido asesinados Rutilio Grande, Rafael Palacios, Octavio Ortiz, entre otros.

La dimensión socio-política de Medellín y Puebla fueron dándole el rumbo a Romero para que tomara un papel más decidido dentro de la iglesia, teniendo como primer desafío ir en contra de varios compañeros sacerdotes y obispos conservadores que estaban a favor del proyecto de los grupos de poder.

Conocer la realidad

El análisis y el pensamiento de Romero nos hace reflexionar que para aterrizar en la realidad, primero tenemos que conocer la verdad-realidad, tenemos que encontrar la relación correcta entre lo que buscamos en los libros, lo que vemos en los medios de comunicación, en los principales objetivos de nuestras organizaciones, y lo que vemos y vivimos en la realidad. Así lo hizo Monseñor con Medellín, Puebla y su realidad socio-política de El Salvador.

A San Romero se le admira el razonamiento esencial en su tiempo, él se caracterizó por ser una persona que estaba en medio de los problemas, era un tiempo muy difícil con respecto al contexto internacional de guerras, de revoluciones, de transformación dentro de la iglesia, y él tenía miedo como todos nosotros.

Cambiar de raíz al sistema

El miedo es un sentimiento natural de los seres humanos, y a pesar de esto, Romero asumía valientemente el miedo de posicionarse contra el sistema económico imperante, que en este tiempo empezaba a fundarse en los principios neoliberales, que provenían de los países capitalistas desarrollados. El Salvador, estando alineado con este sistema desde el siglo XIX y apoyado por los países que promovían y garantizaban la guerra, golpes de estado e inestabilidad económica entre otras medidas.

Ante esta situación, el papel de Monseñor Romero fue de tipo heterodoxa al estar en contra de las ideas y decisiones que el sistema había tomado como medida de represión y muerte; la frase de Monseñor: “HAY QUE CAMBIAR DE RAIZ AL SISTEMA” era una razón del pensamiento de Romero, él está a favor de la vida, a buscar las soluciones e intervenciones pacíficamente.

El legado de Monseñor Romero para nuestro tiempo de crisis es un regalo para actuar como él, porque la vida actual es muy desfavorable, con mucha desigualdad social, con muchos problemas sociales y medio ambientales, entonces hoy como jóvenes estamos comprometidos a seguir con lo que Monseñor Romero dejó y enseñó: construir una sociedad con conciencia crítica, buscar la solidaridad, el bien común para todos, una equidad social, crear normativas éticas regidas por un sentido humano que favorezcan a los marginados, explotados y excluidos del sistema, a proponer ideas donde el centro sean el ser humano y la vida en sus múltiples dimensiones, la paz, los derechos humanos bajo una normativa que garantice un bienestar social etc. Hoy más que nunca, los jóvenes tenemos que analizar el modelo económico que sigue siendo el epicentro de los principales problemas sociales, culturales, económicos y culturales.

Romero como ejemplo de transformación es un legado para todos, lo podemos aceptar sin distinción ideológica o religiosa y nos invita a ser críticos, constructores y creadores, como nos invita ser Leonardo Boff en estos tiempos de crisis.

“La verdadera educación debería de crear en el niño y en el joven un espíritu crítico” (Mons. Romero, homilía del 22-1-1978)

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