APOROFOBIA. EL MAL QUE NO RECONOCEMOS Y VIVIMOS A DIARIO

Leyendo el primer capítulo del libro: aporofobia, el rechazo al pobre, un desafío para la democracia de Adela Cortina, donde desarrolla el concepto y nos explica cómo se expresa en nuestra sociedad, me doy cuenta que nos encontramos a nosotros mismos  en una relación dual  en la cual podemos decir: (ese soy yo, el que desprecia, ese soy yo,  el despreciado)

Ella explica, que aporofobia, (es el odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos, el desamparado) y pueda que muchos lo hayamos sufrido, lo hayamos practicado y aunque seamos conscientes del acto realizado no le damos un nombre específico, por lo cual lo llamamos solo desprecio.

La aporofobia es un mal que día con día se manifiesta con más vigor en nuestra sociedad consumista, que nos impone que vales por lo que tienes o por la posición social en la que te encuentras, ya que quien desprecia u odia asume un rol de superioridad sobre los demás y obviamente nadie quiere ser inferior, es ahí como se manifiestan las relaciones de poder

A Cortina le llamó la atención cómo en España, no eran un problema los migrantes que llegan a vacacionar o invertir su dinero en el país, o  los jubilados, en otras palabras los que (poseen poder, recursos y dinero) pero si un problema los pobres, que huyen de la guerra, del hambre y de las injusticias. Ella va más allá del termino: xenofobia: que significa odio, rechazo o aversión al extranjero, ya que no se odia a todos los extranjeros, se odia, a los pobres.

Cortina  explica que en cuanto a los turistas  los periódicos y los Estados,  los ensalzan diciendo: el país recaudó tanto   dinero por inversión de los  turistas (a estos, ni tan siquiera se les llama migrantes), sin embargo, si leemos día con día los periódicos, nos daremos cuenta que   un 30 o 40 por ciento de las noticias son sobre migrantes: sobre pobres que huyen de la violencia, de las injusticias, de las pandillas, de las condiciones que no eligieron tener en definitiva, ya que nadie elige con que familia nacer, con qué familia crecer, o que condiciones tendrá para su vida.

Exactamente este día 27 de diciembre, en el noticiero, escuchaba las declaraciones de la ministra de turismo mencionando que nuestro país había obtenido más divisas por medio del turismo en comparación con el año pasado y que a la vez esperaban recibir más turistas en los próximos días. Dejando de lado  que se desarrolló el mundial de surf city, en el que se recibieron competidores extranjeros a los cuales se les atendió de la mejor manera y se les presentó las mejores playas del país. (Esos extranjeros, que también son migrantes, no son un problema para nuestro Estado, son los que invierten su dinero y disfrutan cálidamente sus vacaciones), vaya que acá no hay diferencia en cuanto a los derechos de libre movilidad por parte de los Estados.

 

Seguida de la noticia de los turistas extranjeros se pasa a la otra cara de la moneda, los migrantes, los pobres, los que parecen que no tienen nada que ofrecer, los que en las palabras de Roque Dalton se diría: quienes mastican mendrugos ajenos y aun mastican con sentimiento de ladrón.

De esos que se llenan las estadísticas diarias, en las que se ven como un simple número de personas, como un simple dato, de esos que tampoco se les llama por su nombre, sino simplemente: migrantes. De ellos,  se menciona que cada día les será más dura su entrada al país de sus sueños, al norte, donde las leyes se ponen más difíciles y donde tienes que esconderte porque sientes que no perteneces a esa tierra prometida que solo fue designada para unos cuantos.

Se menciona que el presidente Trump ha anunciado nuevamente más leyes contra los migrantes (contra esos que no pueden ir a vacacionar a las playas de  Miami, contra esos que no pueden ir a solicitar una visa porque al preguntárseles por sus cuentas bancarias, sus vehículos, sus casas, sus propiedades, solo cuentan con su historial de sufrimiento, con su historial de vivir el día a día en medio de violencia, de armas, de drogas y hambre).  Contra esos que solo pueden ofrecer su fuerza de trabajo, su vida misma.

Para terminar quiero recordar lo que nos dice Cortina, todos somos aporófobos.  El sistema nos ha inmerso en una competencia voraz en la que cada uno queremos andar la mejor blusa, los mejores zapatos, el mejor celular,  el mejor auto o tener  mejores condiciones sobre los demás y eso podemos comprobarlo desde lo más mínimo.  cuando viene un hondureño a nuestra comunidad,  con sus ropas sucias, pidiendo trabajo,  desde muchos habitantes se ve con desprecio, se ve como amenaza, se empiezan a sacar los prejuicios: y si este ¿anda huyendo? Y si este ¿quiere robar? Si este ¿es un maleante? Así demostramos el rechazo al que creemos viene a quitarnos las oportunidades, al que creemos inferior o en menores condiciones ya que por el contrario, si viene un hondureño, en una camioneta del último año, no se ve con los mismos prejuicios o con los mismos ojos.

Como dije al principio, pueda que al evaluarnos internamente nos encontremos en una relación dual en la que muchas veces nos veamos en los ojos de esos que han sido despreciados, en los que  se sienten culpables, sin tener culpa, en los que se esconden como delincuentes sin cometer un delito. Pueda que en otras también nos veamos como el patrón, dueño de la fuerza de trabajo del otro, como el dueño de esta tierra que no trajo nombre, pueda que nos veamos como los aporofobos que todos tenemos muy en nuestro interior.

28-12-2019

Jaime Joel Rivera

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