Corpus Cristi – Celebración conmemorativa del martirio del Padre Rafael Palacios

Por: Luis Van de Velde, comunidades eclesiales de base.

Homilía en el marco de la celebración por los 40 años de martirio del P. Rafael Palacios

Ha sido una feliz coincidencia que la celebración conmemorativa de parte de comunidades eclesiales de base se realiza el día que la Iglesia celebra la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo.  El martirio y el Corpus Cristi tiene mucho en común.

Este día las parroquias adornan las calles para celebrar la procesión del Corpus Cristi. Una celebración religiosa solemne, propia de nuestra iglesia católica, para expresar y manifestar públicamente la fe en la presencia real de Cristo en la eucaristía.

Se trata de una tradición eucarística que nació en el año 1246 en la diócesis de Lieja en Bélgica.  La iniciativa nació de una religiosa, Santa Juliana de Mont Cornillón, que dio vida a un nuevo movimiento[1] eucarístico. Partiendo de un nuevo ritual eucarístico en la ciudad y la diócesis de Liega, se extendió a varias diócesis en Alemania.    Cuando el archidiácono (Jacques Pantaleón) de Lieja había sido electo Papa con el nombre de Urbanos IV, empezó el proceso de reconocimiento universal de esa solemnidad.  Varios documentos papales reafirmaron su validez. En el año 1317 ha sido promovida más formal e intencionalmente para toda la iglesia por el Papa Juan XXII.  Dos siglos más tarde, en el concilio de Trento[2] se reafirmó esta tradición de la celebración de Corpus Cristi.

El siguiente Papa con el nombre de Juan, es decir Juan XXIII, convocó en 1961 el Concilio Vaticano II donde los padres conciliares retomaron la comprensión de San Pablo sobre la Iglesia, cuerpo de Cristo.   El Concilio profundizó el Corpus Cristi: la misma Iglesia es el cuerpo de Cristo.  La iglesia tiene la misión de ser la presencia viva de Cristo en la historia y en la vida diaria.   Cristo es la cabeza de ese cuerpo que debe ser la Iglesia.  Su misión es vivir el evangelio de tal manera que la gente, el mundo, especialmente los pobres puedan experimentar a Cristo presente y activo en la historia.  Es evidente que, sin una iglesia real e históricamente Cuerpo de Cristo, es difícil de comprender la autenticidad de la celebración del Corpus Cristi.

foto palacios - aficheMenciono este contexto histórico del Corpus Cristi porque hoy aquí estamos haciendo memoria a un sacerdote asesinado, Padre Rafael Palacios.  Creo que mártires como el Padre Rafael son la conexión entre las dos expresiones del Cuerpo de Cristo.   Ellos han sido testigos, es decir, mártires fieles de una iglesia que de verdad se portaba como el Cuerpo de Cristo en la historia.  Ellos son la prueba de la autenticidad evangélica de la Iglesia.   Solamente esos testigos pueden hablarnos con autoridad acerca del Corpus Cristi en el sentido de la tradición eucarística.  Ellos mismos se hicieron el cuerpo de Cristo, dando su vida, mezclando su sangre con la sangre de Cristo.  Participar de la procesión del Corpus Cristi sin el compromiso concreto de dar testimonio de la presencia de Cristo en la historia y la vida diaria, fácilmente se transforma en una participación socio – cultural, pero alejada del Evangelio, alejada de la Cruz y la Resurrección de Cristo.   En ese sentido nos atrevemos a decir que en ninguna procesión de Corpus Cristi tendrían que faltar las fotos de nuestros mártires.  Creo que hasta hoy hay un gran vacío al respecto.

El 21 de junio de 1979, en una procesión de “impresionante silencio”  – así lo dice Monseñor Romero en su diario,-  unos 60 sacerdotes hacían valla al ataúd del Padre Palacios.  En su homilía monseñor Romero dijo que Rafael era expresión del misterio de la fidelidad, la fidelidad en el compromiso con el camino de Jesús, la fidelidad con el Dios del Reino de justicia y verdad.  Es decir, el martirio del Padre Palacios deja ver lo que significa ser Iglesia, lo que es ser Cuerpo de Cristo y asumir las consecuencias.

El día 30 de junio Monseñor Romero había convocado para una misa única como gesto de solidaridad de la Iglesia a propósito del asesinato del Padre Rafael.  En su diario dice que “esa misa única revalida el valor infinito y divino de la Eucaristía a la cual se profana con muchos individualismos y celebraciones[3] por fines que no siempre responden al Señor.  La misa única como aprecio al sacerdote asesinado juntándose toda la iglesia dejando vacíos los templos”.

20190623_100918Treinta días después del asesinato, el 20 de julio, en la vigilia de las comunidades en la catedral Monseñor Romero se preguntaba por qué se llegaba a matar a sacerdotes. Contestó “analizando una situación de injusticia y de pecado, que el sacerdote tiene que denunciar y lo cual significa ser ingrato, ser no-grato, a la sociedad, la cual, como Jerusalén, mata a los profetas y a los que les son enviados”. Así lo dice en su diario de ese día.

La fiesta del Corpus Cristi solo puede entenderse auténticamente desde el martirio, desde aquellos que derramaron su sangre por serle fiel al Evangelio, por ser constructores y constructoras de una Iglesia que de verdad hace real la presencia de Cristo en la vida, en la historia.  Por eso, también esta celebración martirial del Padre Rafael Palacios debe retarnos para ser comunidades eclesiales de base realmente consecuentes con el Evangelio.  Padre Rafael Palacios nos pide que revisemos constantemente nuestra vida comunitaria, nuestra entrega solidaria, nuestro entusiasmo evangelizador, nuestra apertura, acogida y respeto, nuestra participación en la lucha del pueblo y nuestras celebraciones de fe y nuestra oración.  La autenticidad de nuestra fe está en juego.  Mártires, auténticos testigos de fe, nos desafían y nos preguntan sin cesar: ¿Su comunidad es realmente cuerpo de Cristo?  ¿su manera de ser Iglesia es realmente eucarística, es decir, según la vida de Jesús?  Padre Rafael Palacios, y recordando en este mes también al Padre Cosme Spessoto y al obispo Joaquin Ramos, y tantas religiosas y laicos mártires, son la prueba que sí es posible vivir eucarísticamente.  Nuestro arzobispo Monseñor José Luis Escobar Alas lo definió en su tercera carta pastoral como cristificarnos en la vida real.    Hagámoslo.  No tengamos miedo. Ánimo y adelante.

La Conmemoración por el 40o aniversario de martirio del P. Rafael Palacios tuvo lugar del domingo, 23 de junio, en la 8a avenida sur, en Santa Tecla, lugar del martirio.

[1] Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi

[2] El concilio (entre 1545 y 1563)  dice que se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo

[3] Con toda humildad tenemos que tomar en serio a Monseñor Romero y preguntarnos si nuestra manera de celebrar la solemnidad del Corpus responde o no al Señor.

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